NADA HA OCURRIDO

 

 

 

 

desde que Isidore Ducas­se, desesperado como un avispero bajo el humo, 

puso rodilla en tierra y musitó «¡Esta es la comarca más fermosa!»

¿o fue Pablo Picasso, el libertino, en su estación rosácea?

¿o Holderlin, el lúcido lunático vejando al monumento?

 

Mientras los múltiples perfiles de lo mega

terminen por nublar lo microhistórico

y se prolongue la roñosa selección de Charles Darwin,

quemaremos incienso, Lautréamont,

quemaremos incienso.