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DE FIDEL CASTRO
Lo que salva es la estrella
si se vuelve tortuosa la ascensión al hervidero al horno
y los puentes se desploman en fila india como láminas
del desequilibrio. Lo trascendente no es la trayectoria
que el proyectil despliega, sino el encontronazo con la fronda
encimándose, la vibración cósmica que desvía milimétricamente
al proyectil, antes de desaparecer entre los árboles;
y el océano, el milagroso ámbito que socava los riscos,
aislando la belleza desgarradora del ceremonial.
La implosión del átomo es
lo que nos inquieta, no la nebulosa de áridos
invocada en el envés de la errancia lucífuga.
Es el hondor que sobrecoge es el hondor
edificante sobre los muros extenuados por las aguas
y el vértigo, en empecinada marcha lenta.
Quién dijo levedad transtierro efímero
cantar de gesta entre las bambalinas
del gran teatro universal.
Lo que salva es la estrella.
La Aduana, 19-21 noviembre 2007.
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