PEDRO LLANES

(Santa Clara, 1962)

Obra poética: Diario del ángel (1993); Sibilancia (1996); Sonetos de la estrella rota (2000); Partitura hecha por el sinsonte (2001).

 

 

 


DIARIO DEL ÁNGEL

 

 

Heme aquí regidor en el noviembre largo.

Perseguido por su sombra sigue el tigre.

En la escarcha del patio corre el tigre.

Lo velan extáticos el estanque y la garza.

Desde los atalayadores salta el tigre a la floresta.

 

Si la salva quedará la escarcha.

Nadie escucha la conceja del tigre.

Heme aquí regidor en el noviembre largo,

junto al estanque hay un niño y un árbol.

Yo digo su nombre al pie mismísimo del árbol.

El oye hosco su nombre y me maldice.

En el estanque luce el junquillo, el pasado año, los relentes.

Es el noviembre largo: Desde los atalayadores salta el tigre

                  a la floresta.

Las cosas tienen sus nombres difíciles.

Sea, dice la línea que cruza el agua.

Junto al estanque hay un niño y un árbol.

El niño me regala su bastoncillo de la sola estrella.

Escupo en la tierra y nace una mujer hermosa.

Su nombre es Nara.

Duerme, amada en el soto hasta el alba.

Sea, dice la línea que cruza el agua.

A la hora tercia Nara era como una joya finísima.

La vimos dormir sobre las pasionarias.

El niño me regala su bastoncillo de la sola estrella.

A la hora tercia Nara era como una joya finísima.

Duerme, amada en el soto hasta el alba.

Sigo la ruta, la ruta blanca que sube los corredores,

de cerca me persigue el tigre.

Su figura se entrecruza a la mía, las dos huyen.

 

Tened cuidado del cuervo.

El cuervo atormentará vuestras carnes.

Sea, dice la línea que cruza el agua,

el arlequín puesto de pie en el trajecillo azul.

 

Hurra por los feriantes,

por el triste payaso que sin cesar se aplaude contentísimo

                    en la muerte.

Voy llorando hasta el bosquecillo

y hago una canción por vosotros.

Tened calma, hermanos.

Por las noches del onceno mes

asoman los astros como grandes tazas.

Las calaveras de mis hermanos

cantan como podría cantar un difunto.

Guardad al difunto del cuervo.

El cuervo atormentará vuestras carnes.

Sigo la ruta, la ruta blanca que sigue los corredores.

De cerca me persigue el tigre.

Su figura se entrecruza a la mía, las dos huyen.

 

Adiós a los amurallados,

a las estaciones donde corre gozosa la ventisca de los blancos

                   pasos.

He aquí el regidor en el noviembre largo.

En el espejo de la fuente se mira el regidor.

No bailéis más las zambras,

la danza del pavo real.

Pero el pavo real danzaba bajo los muérdagos levísimos.

Han florecido los manzanos.

Os prometo que habrá buenas frutas,

que os daréis el hartazgo en este otoño.

 

Sea, dice la línea que cruza el agua.

Por las noches del onceno mes

asoman los astros como grandes tazas.

Os prometo que habrá buenas frutas,

que os daréis el hartazgo en este otoño.

 

Viene el Sr. Haro, herbolario de su excelencia.

Las opalinas abren la danza del pavo real.

Una multitud numerosa escupía la cola del pavo real.

Lady Goldgate tiraba del brazo del Sr. Haro.

El fantasma visto en la vitrina, querido, dónde está.

 

Una multitud numerosa escupía la cola del pavo real.

Adiós a los amurallados,

a las estaciones donde corre gozosa la ventisca de los blancos

                   pasos.

Viene el Sr. Haro, herbolario de su excelencia.

Lady Goldgate pensaba en sus modiglianis,

el de las cintillas marinas y la melancólica flor.

 

Ella cruzaba el palacio Foscari, Santa María Della Salute.

Una multitud numerosa escupía la cola del pavo real.

Lady Goldgate se iba por la Porta Della Carta.

El fantasma visto desde la vitrina, querido, dónde está.

No debe mai pensar l´oumo pensando s´invecchia

Non debe fermarsi l´uomo in una sola cosa.

 

Soy el regidor en el noviembre largo.

Hice amargas cartas y nadie las respondía.

Entre el hombre y la esfera hay un frío espacio.

Viene el Sr. Haro, herbolario de su excelencia.

El escucha a la prima e su mayor blancura.

Oh, dulces, oh árboles de la simiente de Noé.

La plaza y el trastorno, los nepentes Sr. Haro.

 

Sea, dice la línea que cruza el agua.

 

Han florecido los manzanos,

os prometo que habrá buenas frutas,

que os daréis el hartazgo en este otoño.

 

Lady Goldgate recordaba en sus modiglianis,

el de las cintillas marinas y la melancólica flor.

 

Sabemos bien que la mujer no puede ser ya doncella.

No puede serlo Sr. Haro lo sabemos.

El fantasma visto desde la vitrina, querido, dónde está.

Era mi chiquilla, hermosa, no preguntes.

 

Cuida a la muerta querido, la desenterrará la lluvia.

 

Sabemos bien que la mujer no puede ser ya doncella.

No puede serlo Sr. Haro lo sabemos.

La perseguirá la bestia por la plaza abierta,

por los amurallados en las noches blancas.

 

Sea, dice la línea que cruza el agua.

Levitante la línea hace cantar al pez.

Tú me darás el manzano para la navidad ya próxima.

El retrato de la chiquilla vestida de air hostess.

La veremos en el columpio del patio, tenme fe.

Fuera la nevada, la robadora.

He aquí mis vecinos, mis desesperos,

mi nombre titilante como los pasos del reno en la nieve.

Tú me darás el manzano para la navidad ya próxima.

El retrato de la chiquilla vestida de air hostess.

La veremos en el columpio del patio, tenme fe.

El bemol de la prima en su mayor blancura.

Oh, dulces, oh árboles de la simiente de Noé.

Entre el hombre y la esfera hay un frío espacio.

 

No burles el espacio, te rechazará al esfera.

Ella vive su rotación estática.

Un solo grano es toda la arena.

 

Gira esfera,

mantennos ajenos de tu frío espacio.

Haz que no te sepamos,

sé lo sibilino,

la aguja por donde cruza el mosaico con el delfín azul.

Viene el Sr. Haro, herbolario de su excelencia.

En el traspatio del beaterio marchitaban los trigos.

El colegio de vestales de la ciudad furiosa.

Marchitaban Sr. Haro, marchitaban.

Los muros, las piedras altas de la ciudad furiosa.

 

Gira esfera,

mantennos ajenos de tu frío espacio.

Haz que no te sepamos,

sé lo sibilino,

la aguja por donde cruza el mosaico con el delfín azul.

Sea, dice la línea que cruza el agua.

Torpe sube el relente la rocalla que la ola rige.

 

En tal tarde las sílfides paseaban,

alumbraron por los castañares,

en el otoño las veía el dios de los pies de cabra.

El hubiera querido besarlas,

decirles los trabajos del alumbramiento.

 

En villa Estefanía sur les eaux

estaban más doradas las aguas

y el abuelo durmió aquella jornada y otra.

 

Un sueño tan largo, las tierras del labrantío.

Soñaba el abuelo un sueño recio.

Los ayllus que el invierno dora.

 

Cusy Coyllur que tiene un nombre,

soñaba el abuelo un sueño recio.

Cusy Coyllur que tiene un nombre,

y en el sueño de abuelo Coyllur era estrella.

Casiopea de las rosas náuticas,

cuando el viento hace varar las marmotas en las islas vírgenes.

Los alcolmoranes huían del cuervo

pero volaban a su izquierda

y el cuervo los perseguía fijo hacia el sur.

En el ala norte del templo vuestras mujeres endechan

                  a Tammuz.

La corneja volaba junto a las endechadotas de Tammuz.

El abuelo vio agua que salía del templo, del lado derecho,

vidi aquam aegredientem de templo a latere dextro.

Era la pausa en que dialogaban el faisán y la flor de horchata.

Estuvo muerto el abuelo, lo veía solo.

Por ella corrían los ángeles tras la chirimía.

 

Distantes pasaron las ciervas por el coto abierto.

Ciervas hechas vida,

oh ciervas,

ellas bramaban tras la sangre del ciervo muerto,

ciervas hechas vida,

oh ciervas.

El ciervo vulnerado

por el otero asoma.

Muerto está el que vive, vivo en la muerte del ciervo

aunque no muerto sin morirse el ciervo vive,

ciervas hechas vida,

oh ciervas.

El ciervo vulnerado

por el otero asoma.

El pasado otoño fue difícil.

Los aprendices se sublevaron contra los maestros.

En villa Estefanía sur les eaux

creció el árbol de la horca.

El árbol de la horca tenía sus patibularios,

sus frutos lívidos como la idiotez.

Fuera vagaban las ánimas de los penantes.

Era el mes de abril, cuando ya el prado,

se sabe furtivo, sus cruzadas líneas giran

y giran en él nombrables los ganados,

y oh, el regidor: tú alanceabas en tal mes os laberintos de ti

con sus semilleros, sus girasoles, sus polaridades.

Los muertos tienen delicadas las carnes.

Ellos repetían, oh regidor, oh regidor.

 

Sea, dice la línea que cruza el agua.

 

Hemos ido junto a los ejércitos inmutables.

Los ejércitos inmutables estaban sobre las tierras de Dortz.

lidia, Lidia contra las lluvias,

si vences estas verdades dalas por sabidas.

 

Soy el regidor: brindad por la chiquilla muerta.

El pasado otoño fue difícil.

Una multitud numerosa escupía la cola del pavo real.

Viene el Sr. Haro, herbolario de su excelencia.

Lady Goldgate tiraba del brazo del Sr. Haro.

 

Los aprendices se sublevaron contra los maestros.

En villa Estefanía sur les eaux

creció el árbol de la horca.

El árbol de la horca tenía sus patibularios,

sus frutos lívidos como la idiotez.

Fue en el agosto del día de Diana.

Medio sol el doncel martirizado otro sol fingía,

su piel silente para la vendimia en vísperas.

Las apsaras limpiaban los esputos.

Los esputos hacían sus escalas, sus peanas.

Ellas bordaban el mantel de oro.

 

El reciario buscaba su imagen por los peristilos.

Húmedos los peristilos doblaban al reciario.

Tú harás las nupcias con la hija del verdugo.

Ven, mi enterradora, ponme luces nuevas.

Me levantaré de la gentil piedra al pasar el tiempo.

Cuando nadie me espere vendré como el ladrón.

No te duermas, hermosa, te lo ruego.

 

Pasado este año, el sauquillo, la sucesiva ceniza.

El ladronzuelo roba las manzanas en el filo de la estrella.

Estaba Frl. Blenda, yo olía mi ser antiguo.

Vino el tiempo de la primavera.

El tiempo de los ciruelos, el ladrón y la estrella.

 

Sabia es la lluvia,

en el tiempo de la primavera la veía caer,

Frl. Blenda la veía.

Apretada visitadora como un extraño fuego.

Si existen los manzanos existe el ladronzuelo.

Lo he fisto furtivo robarme en las calendas.

Robaba las hojas, las perdularias sombras

que celebran lentísimas su juego.

Si existen los manzanos existe el ladronzuelo.

En el otoño aborrecido estaba Frl. Blenda.

El vacío es nada, las dos cosas lo serán, a qué dudarlo.

Comprende las verdades, las verdades del fuego.

Estamos Frl. Blenda

en la luna de la pantera hacia la mitad del año,

solos, mirando la alberca,

Los almiares que alaba la lengua del pastor.

Las leyes del fuego y el agua son eternas.

Frl. Blenda tranquilamente hilaba

mientras aparecían dos caras del Sr. Tafarinas:

tienes deliciosas líneas,

si las llevas a la zona estanco no se mojará, no se mojará.

Amarraremos al corcel, lo amarraremos

con un agua tan eterna, estamos solos en la luna de la pantera,

las agujas están más allá: el sitio preferible a la duna.

el Sr. Tafarinas dibujaba la duna.

La dibujaba por la luna de la pantera hacia la mitad del año.

Yo te hube visto, romo, mi querido,

en la terrible peste, te recuerdo.

Comías las carnes dulces de mis hermanos.

Oh, romo querido, te recuerdo, te recuerdo.

 

No quiero que el vacío pueda trastornarnos.

Frl. Blenda temía al ladronzuelo

cuando las perdularias hojas celebran lentísimas su juego.

Sus ancestros ahogaban de la herradura hasta el puente.

El Sr. Tafarinas los hallaba luego muertos.

Frl. Blenda te aborrece, lo sabemos,

dibújala en la tela, preciosa, no lo olvides.

Del ave y el pez veréis fundar la casa,

se mirará la casa en la alberca undosa.

Ganado mío,

por las cumbres con roca corre el tigre.

Ahuyentará mi ganado, mi casa undosa como la sal.

Es el tiempo de la matanza,

tendremos esteras de piel, sandalias firmes, bien dotados

                   cuencos.

 

Vino el tiempo de la primavera,

la hora de los ciruelos, el ladrón y la estrella.

Siento cantar al cuco su larga misa en re.

El Sr. Tafarinas recordaba el riflero,

somos los últimos, los otros existieron

como los comensales que abandonan la mesa.

 

Vino el tiempo de la primavera,

la hora de los ciruelos, el ladrón y la estrella.

Son bellos los ciruelos,

en las ramas siento cantar al cuco su larga misa en re.

La vajilla conocía la plata, tenedores,

enarenados galeones que marchan a levante.

El Sr. Tafarinas recordaba el riflero,

en el otoño aborrecido lo recordaba.

Un tiempo que agrupa todo, un tiempo que agrupa nada.

El vacío es nada, las dos cosas lo serán a qué dudarlo.

Comprende las verdades, las verdades del fuego.

Estamos Frl. Blenda

en la luna de la pantera hacia la mitad del año.

 

Murió la madre hace años, una vez en la eternidad,

de qué sirven tan misteriosos amigos, de qué sirven.

Estaban los naranjos del patio hacia la lumbre

como el mármol esbelto que no escucha la voz.

 

Si la madre muere, quién podrá salvarla,

era la pregunta que hacían las coristillas.

La mirábamos violácea: yo te hube visto, romo mi querido.

Las coristillas remedaban a Lisístrada.

Somos los últimos, los otros existieron

como los comensales que abandonan la mesa.

Murió la madre hace años, una vez en la eternidad,

se fue por la puerta que gira en sí misma.

Las coristillas giraban tras al puerta,

en los batines levitantes, llama a punto.

 

Decidme vuestro coro, el antifonario del árbol,

las astas dobladas, el murmullo de citarista.

Lisístrada de pie en medio del círculo lloraba.

He puesto mis manos sobre ti,

construí en la roca una tan blanca chimenea,

que la nieve aturdida caía con sus copos verdeantes a mi vera.

Construí en el páramo

una lluvia que nunca pude imaginar, de tal manera

estoy aquí lejos y cerca sin saber si nunca.

 

No me censures Lisi,

pues yo mismo he de agradecértelo,

construí en el páramo, quién puede conocer el absoluto.

Maldíceme si lo deseas, es ya tu tiempo.

Las hijas de los ciervos, el culto y la nieve,

el bemol de la prima en su mayor blancura,

el arpista la celebra: yo te hube visto, romo, mi querido.

Las hijas de los siervos imitan a las coristillas,

parecen levitantes como la muerte del cisne.

 

Sabia es la lluvia,

en el tiempo de la primavera la veía caer,

Frl. Blenda la veía.

En el corredor de la corza encontraré al alférez.

Era la temporada de las fragantes madonnas.

El arpista la celebra: yo te hube visto, romo, mi querido.

En el corredor de la corza encontraré al alférez.

Madonna Lily, florece,

tú siempre floreciste en el estío.

Oh, hueco tan solemne como la primera criatura.

Una misma moneda no paga las dos copas.

Abismo, entréganos el sortilegio,

el absintio que mueve los gobelinos.

 

Alabada se ala piedra,

la idea que rige a la piedra.

Estoy aquí lejos y cerca sin saber si nunca.

En el corredor de la corza encontraré al alférez,

le he de preguntar por la armada náufraga,

tenedores, enarenados galeones que marchan a levante.

Ha de responderme: un barco que naufraga se lo traga el vacío.

Fue en Riaze, cerca del auriga de Delfos, no lejos de Calabria.

Toda de blanco, Leda miraba a Orión al norte,

pero Orión estuvo sin luces tras las viñas esa noche.

También te amo Leda,

tu blancura me hace tiritar por los cielos del sur.

Le dije a los arúspices: traed las ollas con vino más bermejo.

Rociaría el barco náufrago, las incendiadas cadenas

                  del bauprés.

Traed las ollas con el vino más bermejo,

cuando Leda dura tirita en las pasionarias.

En el crepúsculo plomizo corrían las hojas de las campánulas.

Le dije a los arúspices: traed las ollas con el vino más bermejo.

No puedes contra la lluvia,

aunque pudieras, nada vale que lo pruebes Frl. Blenda.

Sabia es la lluvia,

en el tiempo de la primavera la veía caer,

Frl. Blenda la veía.

Hay géneros vacíos, hospitalarias corolas,

cada pétalo hace su cuenta, vuelve a mí.

 

Comprende las verdades, las verdades del fuego.

He aquí que llegué, estoy provisto de gloria.

Bajo la enramada siento encender el meteoro y la espiga,

mientras, aparecen dos caras del Sr. Tafarinas:

tienes deliciosas líneas, los halaba de la herradura

                   hacia el puente.

La infantina prueba el laberinto, pero no gira.

Lo festejaremos a solas, romo, mi querido.

He aquí que llegué, estoy provisto de gloria.

Para arder, espiga devorada, se sabe aquí la roca.

Cuando leas en la roca, deja la sibila, vuelve a mí.

 

 

Míralo en su doble sucesión que me adormece,

con sus alces finísimos bramar en el crepúsculo.

Deseo oírlos huir por las falenas,

disfrazados de silenos perseguirte.

 

Quién encestará los cristales removidos,

el gracioso delfín que hace su trazo en las arenas.

El barco sirga a levante, hacia escorpión.

Lleva hombres duros que cantan una canción del mar.

El ciruelo no puede ser flor.

Es inútil trastornarlo Frl. Blenda.

 

Por el aire de la montaña llega un gran rumor azul.

El serafín nos acecha Frl. Blenda, nos acecha.

En las tardes del otoño lo he visto maldecirme.

El barco sirga a levante, hacia escorpión.

Lleva hombres duros que cantan una canción del mar.

Tierra adentro el ganado, el esquivo y las mieses,

si la cantaras como yo serías el favorito.

Di: hermosas son las mieses,

en el otoño aborrecido las maldije a viva voz.

 

Fue en Riaze, cerca del auriga de Delfos, no lejos de Calabria.

El Sr. Tafarinas recordaba al riflero.

Aún lo recordaba a las puertas del solsticio,

cuando el gatopardo entra silencioso por la huerta.

 

Huíamos indiferentes como si quisiéramos solemnizar,

presurosos tal si temiéramos, bajábamos, bajábamos.

El riflero nos espera en Clers aux Gliéres, un largo cementerio.

Éramos sabrosísimos blancos de pie sobre los muros.

El oficio del riflero es serlo Frl. Blenda.

Por la Calzada de Clers aux Gliéres subía el gatopardo.

La maldición de los Bikini está clavada a nuestra puerta.

El agua sale y entra: no debes detenerla,

deja que asome la esclavina de la muerte.

Por la Calzada de Clers aux Gliéres subía el gatopardo.

Los alamillos comenzaban a temblar a la hora del gallo.

Los bikini traían los semblantes turbios.

Detrás los condestables, las maestros de facturas.

Iban descalzos con el sol furioso en las cadenas.

El gatopardo ronroneaba iracundo tras las viñas.

Deja que asome la esclavina de la muerta.

Sus delicadas mejillas tan suaves en la muerte.

En el primer año, el del ratón blanco, el ángel guardaba

                 los antílopes,

estos son mis címbalos, címbalos del ratón blanco:

                 si los tocaras.

He dispuesto saetas que clavan al guerrero en el sueño.

Decidle a los nobles: no trastornéis los designios del ángel,

antílopes asustadizos, gacelas de ojos enamorados.

El ángel guardaba los antílopes.

Las copas finísimas en las que bebe el lancero.

No toques estos muros.

Al borde de los muros mis días han pasado y yo espero.

Quiebran las zarzamoras, no toques esos muros.

En el año del ratón blanco el ángel vigilaba los muros.

Soy como el jornalero que poda en el otoño la viña.

La bestia aplastaba las corolas del trébol.

He temido a la bestia Mr. Teasdale, soy como el jornalero

                  en la viña

Mr. Teasdale, amigo del ángel, hemos esperado, no hagas

                 las Caribdis,

jofaina donde los espejos, las gasas avivan, las esquinas.

En el ratón blanco, el camino Mr. Teasdale, lo encontraremos.

Podríamos esperar, pero el provecho, piensa en el provecho.

Los graneros halan oblicuas las doncellas.

Ruth, tú eras también la amiga del ángel,

qué más podríamos hacer: el lavamamos, Mr. Teasdale.

El lavamamos en la temporada gólgota.

En el año del ratón blanco la mente rechaza el filo del sueño.

Mejor, que más podríamos hacer, mejor,

la bestia busca a las gacelas de ojos enamorados.

Lava las manos del ángel,

Mr. Teasdale, lávalas, si pudieras lavarlas.

Tú fuiste experto en las arenas,

este otro desierto, la esquina que junto a la esquina

aunque sigamos inmóviles, despiertos como la víspera.

 

El barco hace agua: pon fija la vela hacia las playas.

Qué mano guiará el itinerario del barco en la niebla.

Cuando sea la primavera despiertan las almas del sueño.

Voy a esperarte Ruth, tú eras también la amiga del ángel.

El centinela anuncia el agua, sólo el agua.

El oro traído, olvida tu opulencia.

En el armario hemos puesto oro, mucho oro.

El perfecto encierro del armario a quien ningún viviente escucha.

Es bueno el lavamanos Mr. Teasdale, lávalas,

si pudieras lavarlas.

Soy el guardagujas en el invernadero viejo.

El invernadero por donde el arca trae frutas, el provecho.

Hemos visto al perdido. A ese no lo podemos salvar.          

Deucalión, el rey de luces en la temporada gólgota.

Podríamos esperar, pero el provecho, piensa en el provecho.

A quién vigila alagado detrás de las tinieblas.

Es el gallo, el gallo de finas espuelas que no vemos.

Si pudiera mantenerme ajeno en el deleite.

La fruta cae del suelo, mordida por la ondina cae al suelo.

He rechazado tu mente a causa de tus manos,

las manos en el invierno pueden enturbiar la mente.

Deja a los aurigas, la tirantez del coche,

la prudencia no lleva a ningún sitio: sólo el fuego.

El barco hace agua, pon fija la vela hacia las playas.

Desde los miradores puedo ver los peces.

En las ventas de muchachas con espejuelos he permanecido

                   atado.

Enterrad las lágrimas: al perro que no aúlle,

la casa está contra la luz, el cerbatanero pone agua,

de modo que las plañideras se han tirado al clavel.

No enseñen sus mujeres, eran quienes paseaban

                  por las ventas.

El veneno a la hora del ángelus tiene sus corales.

Mi corazón se espanta ante la máquina.

Enterrad las lágrimas: al perro que no aúlle.

 

No me apenan los goznes, calla en la puerta es lo mejor.

El ocaso del clavel. El perro aúlla, aúlla.

Déjalo que olvide la furibunda fragancia de la llama.

El hielo hacia adentro es infinito.

No enseñen sus mujeres, eran quienes paseaban

                  por las ventas.

Le regalaré a la novia nenúfares lilas como la risa.

El hielo hacia adentro es infinito.

Sobre las terrazas refulgen las vivas del ángel.

Mr. Teasdale, lávalas, si pudieras lavarlas.

Quiero que el gallo vigile en las tinieblas.

El ocaso del clavel. El perro aúlla, aúlla.

Ruth, recuerda a las almas despiertas del naufragio.

El gallo sospechaba el naufragio,

en la madrugada decía su réquiem al guerrero.

Si habremos de levantarnos no eludas la jofaina.

Las vitrinas donde posan el maniquí y la felpa.

Cuando se a la primavera, despierta te lo pido.

En la primavera despiertan las almas del sueño.

Ruth deseaba los grisáceos cristales,

las aves del paraíso que yo habría despreciado.

Su espectro es mi mismo espectro, el espectro del pétalo conmigo.

El barco hace agua: pon fija la vela hacia las playas.

En el asilo del mar, la luna muerta, ruiseñores nocturnos.

Mr. Teasdale, hemos perdido nuestro oro.

Deucalión, el rey de luces en la temporada gólgota.

Hemos perdido nuestro oro: mi corazón está más libre.

Conozco tus pasos, la monja vestida de pana me visita.

Qué más podríamos hacer: el lavamanos Mr. Teasdale.

Ha llegado la hora de las abluciones.

Deucalión, sólo el viejo nombre me recuerda a la amada

           en la furia.

Cuando pregunte la rosa no te enfades: podemos ser fugaces.

En la ciudad del delirio había una loca.

Dile a la carne qu