1 de Noviembre, 2007, 11:01: Ronel GonzálezGeneral

REGRESO A CANAÁN

 

 

 

I

 

El río de mi infancia corre hacia el infinito

entre las ceibas de la Creación,

y en su lento fluir

anuncia la plenitud con ardua resistencia.

 

Sólo las aguas se dividen en pos del Nuevo Mundo

bajo los designios del Poder. Sólo las islas, separadas,

vuelven a la corriente

donde una voz confunde los idiomas

y murmura que estamos en Sah,

a la sombra de las constelaciones. En la noche

                  sin término.

 

II

 

Mi Padre nombra con serenidad las criaturas

                 boreales:

“estos son la Serpiente, el León y el Cordero”.

A pesar del agua que la oculta,

junto a la luz está jaibit.

 

Lo increado desciende como un pacto,

río abajo del tiempo que el dios Tchetta destruye.

“La corriente es eterna” – escribo en las paredes

                    de Duino o de Bierville -

y contemplo mi rostro sobre la piel del río.

Mi rostro Narciso deforme al amparo del dios.

 

III

 

Cierto que voy hacia la oscuridad 

pero, ¿acaso Alguien pudiera remediarlo?

¿Sabe mi Padre cómo detener la violencia sin límites?

¿Existe alguna puerta para cruzar,

lejos de la penumbra que a veces nos embarga,

entre cerros de lánguida ceniza?

 

Río que matinal atravesaste mi ciudad inocente:

este es el primer día y, sin embargo, llega la edad

                  última,

entrevista en las páginas de la inmortal Sibila,

sobre los remolinos

que deshizo mi infancia en Canaán.

 

IV

 

Este es el primer día,

junto a los algarrobos de mi pueblo

y las piedras no removidas de la orilla,

nube congelada que avanza hacia el principio

donde estuvo el final, la llama apocalíptica.

Ya que todo comienzo es un resumen.


Estamos en Orión.

Mecenas escucha mis epodos

y levanta sus frutos el estío:

 

 “Beberás en pequeños vasos el vino común

                 de la Sabina

junto al río vidente”.

 

Nosotros interrumpimos el obrar de los dioses,

escribimos decálogos, para justificar las leyes

y las súplicas,

pero tenemos el Flégeton,

la sombra del perdón siempre a nuestras espaldas.

 

V

 

Estamos en Orión. Arrastramos un arca a expensas

                 del diluvio

que invade nuestros cuerpos. Por un arroyo breve

                  buscamos el Océano,

los trenes de la infancia salvados del peligro.

 

La más alta bondad es como el agua.

La bondad del agua consiste en beneficiar

                  todas las cosas,

incluso a las criaturas

que las palabras no alcanzan a nombrar.

 

 

VI

 

Oh Mecenas, hemos perdido la última de las rutas

                a Eleusis.

 

El rebaño desprecia mi oración sobre la faz del Arbia.

 

¿Para qué sirve la escritura

si los jóvenes odian el caramillo que nos conduce

                al Templo?

 

Oh Mecenas, hemos perdido la última de las rutas

                 a Eleusis.

 

VII

 

Como un edimmu escribimos epopeyas

                sobre el horror del polvo,

para reconocer la hondura de las formas.

 

Nada me reconforta, es cierto,

pero en la noche germinativa

rememoro existencias pasadas

y el cielo se transforma.

 

En la noche sin número estaré,  perpetuándome.

Escucho el ruido del torrente y me adentro

                  en las sombras.

 

No sólo el claro día hace salir el áspid

porque en  silencio escucho su rumor.

 

VIII

 

Densa es la música que acentúa las pérdidas

                   e inaugura milagros.

 

Impávido el río detiene la voz de un Ser pardo

                  y ajeno

en la falsa época de las reiteraciones.

 

Avanza la oscuridad, como el mar que se abre,

              y da paso a las máscaras.

 

Hacia el Este, unos seres alados custodian el camino

del Árbol de la Vida.

 

El río se bifurca en arnos de silencio.

 

IX

 

Nada resulta insustancial.

 

La niebla indica la  presencia de un Reino impenetrable

más allá de la cumbre difusa de una torre.

 

¿Adónde iré en esta noche vacía como el mundo?

¿A quiénes acudir que no sean las siluetas

                de mis  propios recuerdos?

He perdido las llaves de la memoria

               en una calle  oscura.

Conmigo viajan la destrucción y el miedo,

              la tempestad y el odio.

Padre: ¿hacia dónde me llevan estas aguas?

 

X

 

El río de mi infancia corre hacia el Infinito

como un  bajel de sueño

y en la hora perpetua, de no saber que es muy leve

                    su tránsito,

Alguien arroja una piedra al erizado curso

como las cartas de salvación, que sólo un día

reciben las manos ateridas, las manos de Dios, frente

                   a la inmensidad

que no promete recompensa.

 

1 de Noviembre, 2007, 10:54: Ronel González SánchezGeneral

PLACER DE LO ABSOLUTO

 

 

I

 

Descender

en travesía invisible

a la infinita celeridad? / al orden?

una vez elidida la pobreza / el incesante

                   gotear

sobre los aposentos / donde un desgarrador

tomo de apuntes confirmó

el sobresalto / entrañarse en la intemperie

como el que paga un precio

por anteriores existencias / entrañarse

orfeo / heráclito / dante / sin transfiguraciones.

 

Extirpar la utopía de lo utópico

y excogitar el número en el viaje al dorado

ser / estar atento al vientecillo

situacional del cosmos / respirar el impulso

que reduce el aeda a la estructura / al pavoroso

ministerio del límite / donde poeta equivale

a giróvago.

Descender / discurrir

en lo solar / en el desierto / entre las sombras

transitivas que acedan las palabras / el ámbito

de y contra lo brumoso

perceptible en legiones de espejismos / para sostener

el candelabro/  la rosa de Wells/  el Graal.

 

Hacia la encina de Cibeles

hacia el anillo gnóstico

hacia la vastedad del nacimiento

 

Desciendes / antípoda /

alma-halcón de la noche

porque es hora de arriesgar el laberinto

y bajar

Quijano

a las fraguas de la contradicción

                y de la duda

a la imposible gruta de Montesinos

como un demente alabardero de Dios.

 

II

 

desde las entrañas de la tierra, a través de paredes

desconchadas, la voz del pífano.

Epifanía. Pulso de un reino que se acaba

justo en la Gran Caída. Reino de argonautas, de uno  

sostenido por la poesía escrita sobre puertas, sobre la piel,

como una honda sajadura. Viene la voz que esquiva los objetos

raídos: multitud de volúmenes para burlar el hambre

ancestral, hambre ontológica, hambre mimética,

elemental de la ceniza, cicatriz, tránsito del abandono

al abandono, tejido de oposiciones, raíz de la totalidad

que en vano sugiere interpretar alquimias, momentos

de la fecundación. La voz del pífano que nunca entenderá

el cáliz del demiurgo,  propone herirse, doblegarse

para asir el milagro,  pero vano es el gesto, vano el artificio

porque todo yace en la raíz de un  árbol

originario, un árbol demolido por la sucesión

de instantes cósmicos que arrostran el Enigma.

 

III

 

en la hora desierta del regreso

a las altas alcobas donde la dispersión

es una célula / y la orfandad un testamento inconciliable

sobre el campo arrasado de las sábanas /

escrituras canónicas aíslan

del humo de occidente / páginas de heredad inamovible

afectan al que instaura la sucesión de corpus

moribundos / vértigos / ausencias

siempre en el borde de una edad oscura

como la intolerancia / miedo a percibir

voces detrás de voces que anieblan

los instintos / en la hora de escamotearle un signo

a lo inquietante de la futuridad algo extraviado

como reliquia asola los anaqueles próximos/ 

nada por decir ha escogido al copista / al traductor

del humo que se extiende por los inmensurables

prados del derrelicto como si lo fatal encarnado

dictara sus tajantes argumentos contra la ingrávida

la tautológica y ambigua soledad de la existencia.

 


IV

 

entre las goteras que preceden

al río de la noche

la leve, la secreta impulsión

corporiza en los límites.

Todo ha sido un instante

de la espera infinita

y las cosas disuelven sus contornos, quebrándose

como una rama seca, frente al muro.

Noche vacilante de la estéril criatura,

de la partícula dual en la unidad celeste,

el desgobierno expande sus dominios

sobre los techos del azar, bajo los pies / descalzos/

una vez que las aguas delirio primordial

definen lo perverso / la dejadez de un dios

sin nombre, centro de todo, aberración

de tribus lóbregas que asienten

por costumbre.

Las gotas nos unen al vacío

del gesto, a la desesperanza del aire

que muerde los rincones

donde vibró la música y los seres

tiemblan de inanición para después ser vértigo

inclemencia nota de despedida sobre un tálamo ígneo

Las goteras entran en la memoria

virtual de lo poemático

como en el caos el logos.


V

 

geografía sitiada por alternativas

fuentes del desaliento

componen cierta geografía vitalicia detrás de las columnas

de la ciudad interior que existe como metarrelato

providencial e impronunciable

de todos los discursos: Megapoema.

 

Aislada como pieza de ajedrez sonoro

entre los claustros impuestos a la voz

de ingravidez a ingravidez

conducida por cíclopes: la historia.

Lo diverso y lo unitivo en su danza diabólica

en la hora profunda, hora tallada a cal y canto,

sobre el muro, asfixian al viajero

ante las puertas cerradas del clamor.

Arquetipos indispensables para recomponer

lo inamovible, seudópodos del poder

que se entrelazan, alimentan los cauces 

novedosos del texto, a la deriva como esquife

cerrado a los plurales vientos.

 

Pero el coto gremial, la soledad sinfónica

donde el escriba emplaza

su estilete sombrío, le devuelven al ente

la voz que desintegra lo descalificado

y comienza la lluvia, el chorro de palabras

a dislocar los símbolos de la noche total.

 

VI

 

ruinas.

cortan los bordes

ásperos / franquear

las tablas místicas

que escinden la morada

impenetrable

de la polis

para nombrar la res:

atma y nóumeno

riada

entre burdas hespérides

del (re) conocimiento.

 

Contra la angustia de fijar

el espíritu infortunado de las ruinas

la reinvención

la irreverencia

el vórtice

absterger de la arcilla

la escritura de Cnosos

con la punta sangrante del relámpago.

 

VII

 

Has perdido toda noción del fin. No has visto más que ruinas en tus desolados viajes a través de la duda, pero sabes que las ruinas impiden el Vacío y que el Vacío no es más que una obsesión. Cuando pretendes contemplar, desde las claraboyas del castillo, las próximas constelaciones, te asalta la misma pregunta acerca de la  existencia de los límites. Piensas en un joven príncipe asesinado en Cnosos, por desear el milagro de unas flores de lis, y en la mujer que amó, bajo el torpe resplandor de las estrellas: ellos no sopesaron la idea fija de la inexactitud del infinito, ni acariciaron la certeza de convertirse en ruinas después de algún abrazo, sin embargo, sus rostros permanecen, a oscuras, en una ilimitada pared de la memoria.

Todo lo que existe no es más que una invención de los ciegos amantes del pasado, pero, como lo permanente pudiera resultar contradictorio, prefieres descorrer las cortinas en el más alto friso, aun cuando la duda te envuelve, como un torbellino, de dimensiones calculables.

 

VIII

 

Frente a las ruinas

el viajero acaricia su reloj

y se aleja de su flagrante condición de mortal.

 

Aún no posee la edad de la pureza

ni las rocas pueden mostrarle sus dominios.

 

Sabe que, en realidad, no hay túneles

ni laberintos transitorios,

que el tiempo, como un lebrel, le pertenece

más que su propio cuerpo o su confianza.

pero no puede atravesar su espíritu inefable.

 

Ignora la permanencia de las cosas,

los misterios y las transmutaciones

como pudo ignorarlo un monje de la India

frente al único menhir que desveló al Sultán.

 

El viajero apenas conoce los esplendores mínimos

y aspira a dialogar con lo Inmanifestado.

 

Siglos después, frente a esas mismas piedras,

recordará, en silencio, sus palabras

y volverá a decir qué vano ha sido todo.


IX

 

contra la mímesis

contra la aparente audacia periférica

el centro desligado de viles estructuras

a favor de aguas que conducen

lejos de las estatuas

asemanticismo de la hybris

que sacude al prójimo el cáliz

de lo fragmentario  / contra los atomismos

lo apofático / instauración de un orden

para el misterio inesencial / infinitud precaria

de ámbitos / sumatoria de libaciones

que socavan la fe / ucronías /

lo autotélico / en la volcánica dis-con-ti-nui-dad

de lo continuo.

 

X

 

La realidad ha de volverse espíritu

        a través de la imagen,

pues ¿qué sentido tiene el fósil,

sin la mano que devela su origen,

y restituye al símbolo su porción del Misterio?

 

¿Cómo explicar el barro

transfigurado en Ser,

por la metáfora de la Voluntad

que ordena el cosmos,

a imagen y semejanza de las cumbres insólitas

donde no alcanza el grito ni la oración secreta?

 

¿Para qué nombrar cosas

que existen previamente,

nombradas e inasibles como la voz del aire,

si la palabra es humo, absolución del karma,

y la busca del Sino

ha de tener sus códigos,

fuera del aparente murmullo de lo estático?

 

Adentrarse en las hondas vibraciones ocultas

                   y sortear lo visible,

en el camino de la esencia que transforma lo inmóvil,

no le otorga a la Rosa cualidad de elemento novedoso

                    y distinto,

simplemente la excluye de tender hacia un fin

                    ordenado en las sombras,

la torna singular, pero no la define como aliento

                    inefable.

 

La rosa no es la Rosa por su causalidad:

                   el arbusto coherente,

sino porque rebasa la grandeza del mito.

 

XI

 

frente a la absoluta unidad

la absolutez: condición cínica del texto.

agua en tensión. Verticalidad versus horizontalidad

en el emplazamiento pitagórico

borra lo autobiográfico.

 

Duelo demiúrgico:

el escriba y su ofrenda

comparten el descenso.

Raíz mitopoética.

que (re) mitologiza

un tiempo ahistórico.

Ámbito del origen:

neotransmutacionismo

del escriba.

Descenso: interacción

de la palabra

con el reino anulante

de la imagen.

 

Lo simbólico como provocación.

lo mitológico como alegoría.

Dionisíaco / apolíneo.

 

Frente a la absoluta unidad

lo (des) armónico. La negación de lo inmutable.

 

XII

 

confinamientos.

 

Poeta gran dios? semantiza lo híbrido.

 

Según pasternak la literatura...

 

Ir en busca del grial a toda costa.

existir no amputa mascaradas / dómine.

 

En el subterráneo accionar del intelecto escarban

               frases muertas

 

Acecinar proyecto de transgresión. 

Cero fatalidad.

Creación = pantomima.

Dónde radica inicio creacional?

Lo dispersivo que precede al big ban

de la metaescritura?

 

La mustia operación de confinar. Contrasospecha.

Amputar la vehemencia como garantía.

lo autoparódico grotesco servido en catacumbas?

la aberración paradigmática?

 

XIII

 

sobrevida.

Hermetismo y desintegración

encarnan lo telúrico como insuficiencia.

 

Atemporalidad / contradicción / las aguas del decir.

Conciencia última de la humildad y la ruptura.

Alienación ante la fysis. Oposición a cualquier canon.