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PLACER DE LO ABSOLUTO
I
Descender
en travesía invisible
a la infinita celeridad? / al orden?
una vez elidida la pobreza / el incesante
gotear
sobre los aposentos / donde un desgarrador
tomo de apuntes confirmó
el sobresalto / entrañarse en la intemperie
como el que paga un precio
por anteriores existencias / entrañarse
orfeo / heráclito / dante / sin transfiguraciones.
Extirpar la utopía de lo utópico
y excogitar el número en el viaje al dorado
ser / estar atento al vientecillo
situacional del cosmos / respirar el impulso
que reduce el aeda a la estructura / al pavoroso
ministerio del límite / donde poeta equivale
a giróvago.
Descender / discurrir
en lo solar / en el desierto / entre las sombras
transitivas que acedan las palabras / el ámbito
de y contra lo brumoso
perceptible en legiones de espejismos / para sostener
el candelabro/ la rosa de Wells/ el Graal.
Hacia la encina de Cibeles
hacia el anillo gnóstico
hacia la vastedad del nacimiento
Desciendes / antípoda /
alma-halcón de la noche
porque es hora de arriesgar el laberinto
y bajar
Quijano
a las fraguas de la contradicción
y de la duda
a la imposible gruta de Montesinos
como un demente alabardero de Dios.
II
desde las entrañas de la tierra, a través de paredes
desconchadas, la voz del pífano.
Epifanía. Pulso de un reino que se acaba
justo en la Gran Caída. Reino de argonautas, de uno
sostenido por la poesía escrita sobre puertas, sobre la piel,
como una honda sajadura. Viene la voz que esquiva los objetos
raídos: multitud de volúmenes para burlar el hambre
ancestral, hambre ontológica, hambre mimética,
elemental de la ceniza, cicatriz, tránsito del abandono
al abandono, tejido de oposiciones, raíz de la totalidad
que en vano sugiere interpretar alquimias, momentos
de la fecundación. La voz del pífano que nunca entenderá
el cáliz del demiurgo, propone herirse, doblegarse
para asir el milagro, pero vano es el gesto, vano el artificio
porque todo yace en la raíz de un árbol
originario, un árbol demolido por la sucesión
de instantes cósmicos que arrostran el Enigma.
III
en la hora desierta del regreso
a las altas alcobas donde la dispersión
es una célula / y la orfandad un testamento inconciliable
sobre el campo arrasado de las sábanas /
escrituras canónicas aíslan
del humo de occidente / páginas de heredad inamovible
afectan al que instaura la sucesión de corpus
moribundos / vértigos / ausencias
siempre en el borde de una edad oscura
como la intolerancia / miedo a percibir
voces detrás de voces que anieblan
los instintos / en la hora de escamotearle un signo
a lo inquietante de la futuridad algo extraviado
como reliquia asola los anaqueles próximos/
nada por decir ha escogido al copista / al traductor
del humo que se extiende por los inmensurables
prados del derrelicto como si lo fatal encarnado
dictara sus tajantes argumentos contra la ingrávida
la tautológica y ambigua soledad de la existencia.
IV
entre las goteras que preceden
al río de la noche
la leve, la secreta impulsión
corporiza en los límites.
Todo ha sido un instante
de la espera infinita
y las cosas disuelven sus contornos, quebrándose
como una rama seca, frente al muro.
Noche vacilante de la estéril criatura,
de la partícula dual en la unidad celeste,
el desgobierno expande sus dominios
sobre los techos del azar, bajo los pies / descalzos/
una vez que las aguas delirio primordial
definen lo perverso / la dejadez de un dios
sin nombre, centro de todo, aberración
de tribus lóbregas que asienten
por costumbre.
Las gotas nos unen al vacío
del gesto, a la desesperanza del aire
que muerde los rincones
donde vibró la música y los seres
tiemblan de inanición para después ser vértigo
inclemencia nota de despedida sobre un tálamo ígneo
Las goteras entran en la memoria
virtual de lo poemático
como en el caos el logos.
V
geografía sitiada por alternativas
fuentes del desaliento
componen cierta geografía vitalicia detrás de las columnas
de la ciudad interior que existe como metarrelato
providencial e impronunciable
de todos los discursos: Megapoema.
Aislada como pieza de ajedrez sonoro
entre los claustros impuestos a la voz
de ingravidez a ingravidez
conducida por cíclopes: la historia.
Lo diverso y lo unitivo en su danza diabólica
en la hora profunda, hora tallada a cal y canto,
sobre el muro, asfixian al viajero
ante las puertas cerradas del clamor.
Arquetipos indispensables para recomponer
lo inamovible, seudópodos del poder
que se entrelazan, alimentan los cauces
novedosos del texto, a la deriva como esquife
cerrado a los plurales vientos.
Pero el coto gremial, la soledad sinfónica
donde el escriba emplaza
su estilete sombrío, le devuelven al ente
la voz que desintegra lo descalificado
y comienza la lluvia, el chorro de palabras
a dislocar los símbolos de la noche total.
VI
ruinas.
cortan los bordes
ásperos / franquear
las tablas místicas
que escinden la morada
impenetrable
de la polis
para nombrar la res:
atma y nóumeno
riada
entre burdas hespérides
del (re) conocimiento.
Contra la angustia de fijar
el espíritu infortunado de las ruinas
la reinvención
la irreverencia
el vórtice
absterger de la arcilla
la escritura de Cnosos
con la punta sangrante del relámpago.
VII
Has perdido toda noción del fin. No has visto más que ruinas en tus desolados viajes a través de la duda, pero sabes que las ruinas impiden el Vacío y que el Vacío no es más que una obsesión. Cuando pretendes contemplar, desde las claraboyas del castillo, las próximas constelaciones, te asalta la misma pregunta acerca de la existencia de los límites. Piensas en un joven príncipe asesinado en Cnosos, por desear el milagro de unas flores de lis, y en la mujer que amó, bajo el torpe resplandor de las estrellas: ellos no sopesaron la idea fija de la inexactitud del infinito, ni acariciaron la certeza de convertirse en ruinas después de algún abrazo, sin embargo, sus rostros permanecen, a oscuras, en una ilimitada pared de la memoria.
Todo lo que existe no es más que una invención de los ciegos amantes del pasado, pero, como lo permanente pudiera resultar contradictorio, prefieres descorrer las cortinas en el más alto friso, aun cuando la duda te envuelve, como un torbellino, de dimensiones calculables.
VIII
Frente a las ruinas
el viajero acaricia su reloj
y se aleja de su flagrante condición de mortal.
Aún no posee la edad de la pureza
ni las rocas pueden mostrarle sus dominios.
Sabe que, en realidad, no hay túneles
ni laberintos transitorios,
que el tiempo, como un lebrel, le pertenece
más que su propio cuerpo o su confianza.
pero no puede atravesar su espíritu inefable.
Ignora la permanencia de las cosas,
los misterios y las transmutaciones
como pudo ignorarlo un monje de la India
frente al único menhir que desveló al Sultán.
El viajero apenas conoce los esplendores mínimos
y aspira a dialogar con lo Inmanifestado.
Siglos después, frente a esas mismas piedras,
recordará, en silencio, sus palabras
y volverá a decir qué vano ha sido todo.
IX
contra la mímesis
contra la aparente audacia periférica
el centro desligado de viles estructuras
a favor de aguas que conducen
lejos de las estatuas
asemanticismo de la hybris
que sacude al prójimo el cáliz
de lo fragmentario / contra los atomismos
lo apofático / instauración de un orden
para el misterio inesencial / infinitud precaria
de ámbitos / sumatoria de libaciones
que socavan la fe / ucronías /
lo autotélico / en la volcánica dis-con-ti-nui-dad
de lo continuo.
X
La realidad ha de volverse espíritu
a través de la imagen,
pues ¿qué sentido tiene el fósil,
sin la mano que devela su origen,
y restituye al símbolo su porción del Misterio?
¿Cómo explicar el barro
transfigurado en Ser,
por la metáfora de la Voluntad
que ordena el cosmos,
a imagen y semejanza de las cumbres insólitas
donde no alcanza el grito ni la oración secreta?
¿Para qué nombrar cosas
que existen previamente,
nombradas e inasibles como la voz del aire,
si la palabra es humo, absolución del karma,
y la busca del Sino
ha de tener sus códigos,
fuera del aparente murmullo de lo estático?
Adentrarse en las hondas vibraciones ocultas
y sortear lo visible,
en el camino de la esencia que transforma lo inmóvil,
no le otorga a la Rosa cualidad de elemento novedoso
y distinto,
simplemente la excluye de tender hacia un fin
ordenado en las sombras,
la torna singular, pero no la define como aliento
inefable.
La rosa no es la Rosa por su causalidad:
el arbusto coherente,
sino porque rebasa la grandeza del mito.
XI
frente a la absoluta unidad
la absolutez: condición cínica del texto.
agua en tensión. Verticalidad versus horizontalidad
en el emplazamiento pitagórico
borra lo autobiográfico.
Duelo demiúrgico:
el escriba y su ofrenda
comparten el descenso.
Raíz mitopoética.
que (re) mitologiza
un tiempo ahistórico.
Ámbito del origen:
neotransmutacionismo
del escriba.
Descenso: interacción
de la palabra
con el reino anulante
de la imagen.
Lo simbólico como provocación.
lo mitológico como alegoría.
Dionisíaco / apolíneo.
Frente a la absoluta unidad
lo (des) armónico. La negación de lo inmutable.
XII
confinamientos.
Poeta gran dios? semantiza lo híbrido.
Según pasternak la literatura...
Ir en busca del grial a toda costa.
existir no amputa mascaradas / dómine.
En el subterráneo accionar del intelecto escarban
frases muertas
Acecinar proyecto de transgresión.
Cero fatalidad.
Creación = pantomima.
Dónde radica inicio creacional?
Lo dispersivo que precede al big ban
de la metaescritura?
La mustia operación de confinar. Contrasospecha.
Amputar la vehemencia como garantía.
lo autoparódico grotesco servido en catacumbas?
la aberración paradigmática?
XIII
sobrevida.
Hermetismo y desintegración
encarnan lo telúrico como insuficiencia.
Atemporalidad / contradicción / las aguas del decir.
Conciencia última de la humildad y la ruptura.
Alienación ante la fysis. Oposición a cualquier canon.
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